Después de 6 a 8 años de maduración, los jimadores cosechan el agave para revelar su corazón: la piña, punto de partida de todo lo que sigue.
Las piñas se cocen lentamente en hornos de mampostería durante 48 horas, liberando sus azúcares naturales, se deja enfriar por otras 24 horas.
Posterior al cocimiento, las piñas se pasan a mano al tren de molienda, donde se muelen para extraer el mosto que dará vida al tequila.
Destilado dos veces — primero en acero inoxidable y después en cobre — logrando un tequila complejo, profundo y sedoso.
Las expresiones reposadas y añejas descansan en barricas de roble americano previamente usadas, aportando sutileza y permitiendo que el agave siga siendo protagonista.